Redacción:
Aunque la líder de la SEDATU promueve pactos de “cero tolerancia” contra el acoso y la corrupción, en su oficina personal trabaja Alonso Cacho Silva, acusado en numerosas quejas de hostigamiento y abuso de poder.
El contraste es notable. En noviembre de 2024, Edna Elena Vega Rangel lideró la firma del manifiesto “Cero Tolerancia al Hostigamiento Sexual y al Acoso Sexual” en la SEDATU, afirmando que “no es suficiente tener protocolos y mecanismos, el cambio genuino demanda nuestra voluntad y determinación”.
No obstante, a pocos pasos de su oficina, Alonso Cacho Silva sigue actuando como jefe de oficina, a pesar de las acusaciones por supuesto hostigamiento laboral y sexual, consumo de drogas durante el horario de trabajo y crear un clima laboral hostil basado en amenazas y desprecios.
¿Cómo se justifica esta incoherencia? ¿Será que la secretaria ignora lo que ocurre en sus propias instalaciones? ¿O es que su esfuerzo contra la violencia laboral excluye a su núcleo más próximo?
Las personas afectadas que han intentado presentar denuncias se enfrentan a un sistema que las silencia desde dentro. Entretanto, quien debería asegurar ambientes seguros mantiene en su cargo a alguien denunciado por las mismas acciones que afirma combatir. La ética pública no debe ser selectiva.