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Aunque algunas mediciones colocan a Morena ligeramente por encima del PAN como partido, cuando aparece el nombre de Bonilla en la boleta cambia el escenario.
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El alcalde ha ganado dos elecciones en Chihuahua Capital y en 2024 elevó su votación hasta 248 mil 339 sufragios.
El Partido Acción Nacional (PAN) decidió no perder el tiempo y utilizar los diez meses que faltan para la renovación de la gubernatura de Chihuahua, para intentar algo que no ha sido frecuente en las sucesiones por esta gubernatura: llegar al proceso electoral con una figura única y claramente posicionada, evitando una batalla interna que desgaste al partido antes de enfrentar a sus adversarios.
Marco Bonilla Mendoza, alcalde de Chihuahua capital, fue colocado en el centro de esa estrategia al asumir la Coordinación Política Estatal del PAN, una responsabilidad que implica recorrer los 67 municipios, fortalecer estructuras, sumar liderazgos y construir condiciones políticas rumbo a la elección de 2027.
Formalmente, Bonilla todavía no es candidato a gobernador. Los tiempos legales y partidistas tendrán que cumplirse. Políticamente, sin embargo, el mensaje resulta difícil de ignorar. Acción Nacional comenzó a ordenar su sucesión. Y lo hizo con anticipación.
La decisión cobra relevancia cuando se observa la historia reciente de Chihuahua. Los procesos para elegir candidato a gobernador han estado acompañados, en distintos momentos, por competencias intensas dentro de los propios partidos.
En 1998, por ejemplo, cuatro figuras buscaron la candidatura panista: Ramón Galindo, Eduardo Romero, Enrique Terrazas y Elías Saad. La elección interna terminó resolviéndose entre Galindo y Romero, con una votación de 55.2 contra 44.8 por ciento. Galindo terminó enfrentando al priista Patricio Martínez, quien ganó la gubernatura.
Seis años después tampoco existió una sucesión completamente tersa. En el PRI, José Reyes Baeza enfrentó a Víctor Anchondo en una elección abierta para definir la candidatura. Reyes Baeza ganó aquella competencia interna y posteriormente la gubernatura frente al panista Javier Corral.
En 2010, Acción Nacional volvió a resolver su candidatura mediante una contienda interna. Carlos Borruel obtuvo 59.37 por ciento frente a 38.96 por ciento de Pablo Cuarón. César Duarte terminó ganando posteriormente la elección constitucional para el PRI.
Incluso en 2016, año en que el PAN recuperó el gobierno estatal, el partido llegó a la definición con varios aspirantes. Javier Corral compitió por la candidatura frente a perfiles como Teresa Ortuño, Carlos Angulo, Carlos Borruel y Juan Blanco, antes de ser designado por la Comisión Permanente Nacional.
La sucesión de 2021, todavía más intensa
Maru Campos y Gustavo Madero disputaron abiertamente la candidatura panista. Campos terminó imponiéndose con 62.41 por ciento de los votos en una elección interna con alta participación de la militancia. Pero aquella contienda ocurrió además en medio de una profunda confrontación política entre Campos y el entonces gobernador Javier Corral.
A pesar de aquel entorno, Campos ganó finalmente la gubernatura. El Instituto Estatal Electoral registró 576 mil 176 votos para la coalición PAN-PRD, contra 444 mil 634 de la coalición encabezada por Morena. Ese antecedente ayuda a entender la importancia de lo que ocurre ahora.
Una sucesión diferente
La conducción política entregada a Marco Bonilla permite al PAN intentar resolver anticipadamente uno de los problemas que históricamente han acompañado las sucesiones políticas: gastar meses compitiendo consigo mismo como partido.
El nombramiento no equivale jurídicamente a una candidatura. Pero sí puede convertirse en una enorme ventaja política. Bonilla dispone ahora de una plataforma para ampliar su presencia fuera de Chihuahua capital, recorrer municipios, fortalecer vínculos con liderazgos regionales y comenzar a transformar una trayectoria municipal en un proyecto de dimensión estatal.
Ese punto será fundamental. Porque gobernar Chihuahua capital no significa automáticamente controlar electoralmente todo Chihuahua.
Ciudad Juárez representa por sí misma uno de los mayores retos políticos y electorales para cualquier candidato panista. Lo mismo ocurre con regiones rurales y municipios donde la correlación de fuerzas es distinta a la de la capital.
Por ello, los próximos meses determinarán si Bonilla puede convertir una fortaleza local en competitividad estatal. Tiene algunos antecedentes importantes a su favor.
En 2024 ganó nuevamente la presidencia municipal de Chihuahua y asumió un segundo periodo consecutivo al frente de la capital. Ese triunfo le permitió conservar una de las principales plataformas políticas del PAN en la entidad. Pero quizá su activo político más importante en este momento no sea solamente su trayectoria electoral, sino la posibilidad de comenzar antes.
Morena todavía tiene que resolver su propia batalla. Mientras Acción Nacional parece concentrar su operación alrededor de Bonilla, Morena enfrenta una definición diferente.
En Chihuahua existen actualmente dos aspirantes con posibilidades claras de convertirse en candidato: el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, y la senadora Andrea Chávez. El País ha descrito la competencia entre ambos como una de las disputas relevantes dentro del proceso nacional de Morena para definir las gubernaturas de 2027.
La competencia no es menor
Una encuesta de Buendía & Márquez levantada entre el 29 de julio y el 3 de agosto de 2026, colocó a Pérez Cuéllar con 34 por ciento de preferencia interna frente a 31 por ciento de Andrea Chávez. El mismo estudio reportó que Morena alcanzaba 38 por ciento de intención de voto partidista para la gubernatura frente a 20 por ciento del PAN.
Números que obligan a evitar triunfalismos
Morena tiene capacidad real para competir por Chihuahua. Pero también enfrenta algo que el PAN pretende haber comenzado a resolver: su propia sucesión. La diferencia de calendario puede resultar relevante.
Cada semana que Morena dedique a resolver la competencia Cruz-Andrea será una semana en la que Bonilla puede dedicar esfuerzos a recorrer territorio, construir acuerdos y aumentar conocimiento fuera de la capital.
No garantiza una victoria, pero Sí constituye una ventaja operativa.
Maru Campos mueve primero
La otra protagonista de esta decisión es la gobernadora Maru Campos. Si la apuesta por Bonilla logra mantener cohesionados a los diferentes grupos del panismo estatal, Campos habrá conseguido algo poco frecuente en la política chihuahuense: conducir su propia sucesión sin esperar hasta los últimos meses para resolverla.
Después de haber ganado personalmente una candidatura en medio de una batalla interna y posteriormente enfrentar una elección altamente competitiva, la gobernadora parece apostar ahora por evitar que esa historia se repita.
El movimiento tiene también implicaciones nacionales
Chihuahua es uno de los estados gobernados actualmente por el PAN y uno de los territorios que Morena considera competitivo rumbo a 2027. La propia dirigencia nacional panista ha convertido durante los últimos meses la defensa política del gobierno de Maru Campos en una prioridad.
Retener Chihuahua tendrá, por ello, un significado que trasciende la política local.
La elección todavía está abierta
El escenario, sin embargo, dista de estar resuelto. Morena conserva una base electoral importante; Ciudad Juárez será decisiva; faltan todavía definiciones partidistas, alianzas, campañas y acontecimientos políticos capaces de modificar las preferencias.
Las encuestas actuales describen fotografías temporales, no resultados electorales. Y Bonilla tendrá que demostrar algo que ningún nombramiento partidista puede garantizar: que su competitividad en Chihuahua capital puede reproducirse en todo el estado.
Pero la ventaja inicial existe.
No necesariamente porque el PAN sea hoy electoralmente más fuerte que Morena. Ni porque la elección esté definida. Sino porque, después de varias sucesiones marcadas por competencias internas, Acción Nacional intenta llegar a 2027 con una lógica diferente:
Primero resolver la unidad y después disputar el estado.
Marco Bonilla tendrá ahora aproximadamente diez meses para demostrar si esa unidad puede transformarse en votos.
En una elección que se anticipa cerrada, comenzar antes puede terminar siendo mucho más que un detalle.
Pede ser la primera batalla ganada.