marzo 18, 2026
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Por Redacción

Ciudad de Mexico, 16 de marzo de 2026.- Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmaron que sus gobiernos mantienen diálogos para alcanzar un posible acuerdo bilateral, en medio de un tenso contexto marcado por un bloqueo petrolero estadounidense sobre la isla. Trump declaró que Cuba “también quiere llegar a un acuerdo” y anticipó un desenlace “muy pronto”, aunque aclaró que su administración prioriza tratar primero con Irán. Por su parte, Díaz-Canel admitió que dialogan con Washington para “buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias entre ambos Gobiernos”.

Las declaraciones públicas de ambos mandatarios confirman la existencia de contactos diplomáticos, pese a que el gobierno cubano había negado previamente dichas conversaciones, según reportes. El exembajador de México en Cuba, Ricardo Pascoe Pierce, analizó que estas negociaciones podrían ir más allá de asuntos puntuales. “Creo que están discutiendo el futuro de la revolución cubana”, señaló, sugiriendo que los diálogos podrían involucrar cambios profundos en el modelo político y económico de la isla.

El contexto inmediato de estas conversaciones es de alta presión. Estados Unidos estableció un bloqueo petrolero sobre Cuba desde enero, cortando además los suministros de petróleo venezolano que llegaban a la isla. En este escenario, Trump ha amenazado públicamente con tomar control de Cuba “amistosamente” o de manera hostil, afirmando en ocasiones anteriores que el gobierno cubano “caerá muy pronto”.

La priorización de Irán por parte de Trump introduce un elemento de incertidumbre sobre el calendario y la urgencia de las negociaciones con La Habana. El mandatario estadounidense fue claro al afirmar: “Estamos hablando con Cuba, pero vamos a tratar con Irán antes que con Cuba”. Esto sugiere que cualquier avance significativo con la isla podría estar condicionado a la evolución del conflicto con la República Islámica.

La posibilidad de un acuerdo entre Washington y La Habana marcaría un hito en una relación bilateral históricamente conflictiva, que ha pasado por periodos de distensión y recrudecimiento del embargo económico. Un pacto podría tener implicaciones significativas para la estabilidad política y la economía de Cuba, así como para el equilibrio geopolítico en la región del Caribe y América Latina.

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